Mi hijo esta muy contestón, ¿Qué puedo hacer?

El temperamento, es algo con lo que el niño nace, es un factor hereditario. El carácter se va formando a diario con lo que usted enseña y los límites que da; esenciales para que el niño se desarrolle socialmente.

Pero qué sucede cuando el niño se pone contestón, desafiante o malcriado. Qué debe hacer. ¿Cómo reaccionar?

Primero, recuerde usted es el adulto. Debe controlar sus emociones y no ponerse a su nivel. Usted tiene el control de la situación. No responda al enfado con más enfado. Lo más recomendable es apoyar a los niños con reglas y límites claros y firmes en donde debe prevalecer la constancia.

No se trata de ponerle límites hoy y mañana dejarlos hacer lo que quieran, porque simplemente los confunde y no saben que ellos no están a cargo. Los limites les marcan un mapa de ruta a seguir.

A veces el niño está perdido y lo que necesita es una simple orientación; puede intentar enseñarle, a través de los cuentos o de las historias inventadas, el valor del respeto hacia los demás y hacia las otras opiniones.

Una buena forma de erradicar las contestaciones desagradables, especialmente si se prolongan durante un tiempo, es elogiar la conducta contraria y alabar a nuestro hijo cada vez que se comporta de una forma agradable y correcta.

Por último, elegir las batallas, dejar pasar cosas irrelevantes y no tolerar lo intolerable. Los padres no deben olvidar que son ejemplo para sus hijos y que deben luchar por ser modelo de virtudes para ellos.

En las entrevistas de asesoramiento educativo familiar que se procuran en Colegios APDE, nuestros asesores educativos procuran dar pautas como las de este artículo y otras más para acompañar en el plan de mejora personal de cada estudiante.

¿Cómo proceder y qué hacer ante un desmayo?

Es importante saber que no se trata de ninguna enfermedad, sino de un trastorno transitorio de la regulación de la presión arterial que suele presentarse con mayor frecuencia durante la adolescencia y que tiende a mejorar con el paso del tiempo.

Regularmente antes de desmayarse, la persona que lo sufre suele sentir manifestaciones como sudoración fía, náusea, palpitaciones, pérdida de visión o visión nublada, zumbido en los oídos y sensación de debilidad muscular.

Tienen diversos desencadenantes, algunos de ellos muy típicos y conocidos: la visión de sangre, el dolor propio o ajeno, el ayuno prolongado, la falta de sueño, permanecer durante mucho tiempo de pie o en lugares con mucho calor, los cambios de postura bruscos (sobre todo al levantarse de la cama).

Hasta tener una valoración médica para descartar la causa de los desmayos, se genera una gran angustia familiar y personal y llega a afectar en la actividad física y absentismo escolar.

¿Cómo actuar ante ellos?

  • Colocar al paciente en un lugar seguro y tranquilo.
  • Revisar la vía aérea para comprobar la respiración.
  • Levantar los pies por encima del nivel del corazón para favorecer el flujo de sangre hacia el cerebro.
    Aflojar las prendas de ropa que aprieten al afectado.
  • Si se presentan vómitos, colocar a la persona en posición lateral de seguridad para evitar un atragantamiento.
    Mantener a la persona en reposo y en un ambiente tranquilo hasta su completa recuperación. Una vez que la persona esté recuperada, es importante que la incorporación la realice paulatinamente.
  • Si no recupera la consciencia o no respira, hay que llamar a los servicios de emergencias y comenzar las maniobras de reanimación cardiopulmonar.
  • Hay que evitar situaciones desencadenantes del mareo y los síncopes: lugares cerrados, muy frecuentados y poco ventilados donde haga calor, la visión de sangre o de heridas…
  • El niño debe saber que no debe levantarse de forma brusca de la cama o después de haber estado sentado o tumbado durante mucho tiempo. Es importante que lo haga poco a poco para dar a su cuerpo un tiempo para que se adapte al cambio de postura.
  • Es recomendable que el niño descanse y duerma un número de horas según su edad, que sea suficiente durante la noche.
  • No debe salir de casa por la mañana sin desayunar ni permanecer durante mucho tiempo sin comer.
  • Practicar ejercicio físico de forma regular.

En colegios APDE se cuenta con brigadas de emergencia, así como el servicio de Alerta Médica para el cuidado y la atención de nuestros alumnos ante alguna eventualidad de esta naturaleza.

  1. Fuentes: López Suárez, L., y Areta Cuesta, C. (2016). CINFASALUD: ¿Cómo actuar ante un desmayo?| Recuperado de: https://cinfasalud.cinfa.com/p/mareos-y-desmayos/
  2. Fuente: Prada Martínez, F.H., y Sanz Cuesta, M. (2014). Qué hacer y qué no hacer ante un niño que ha sufrido un síncope (desmayo). Recuperado de: https://faros.hsjdbcn.org/es/articulo/hacer-no-hacer-ante-nino-sufrido-sincope-desmayo

Mi hijo sufre de bullying ¿Qué puedo hacer?

La palabra bullying angustia y roba la paz de muchos padres de familia. Las noticias, conocidos y familiares han hecho que este concepto se aplique indiscriminadamente a muchas situaciones, incluso en aquellas que no lo son. Debemos primero tener claro ¿qué es bullying?, bullying es un término inglés que significa intimidar a alguien. En otras palabras, molestar a otra persona, haciéndole daño y causándole miedo de manera frecuente.

Por tanto, no todo es Bullying, y debe diferenciarse del bullying los golpes accidentales en los recreos, las peleas por situaciones puntuales en un partido de futbol, discusiones en los recesos, o la negativa a trabajar con alguien porque no se llevan bien, entre otras situaciones que pueden darse entre estudiantes. La mayoría de las situaciones se resolverían con dialogo, mediación, algunas ameritan sanciones disciplinarias, pero se superan fácilmente. El bullying, por el contrario, es una intimidación constante, sostenida en un lapso de tiempo y repetitiva, intencionada, con el fin de hacer sentir mal o lastimar al otro.

Como padres, en todo caso de agresión debemos buscar la ayuda del centro educativo, denunciar las conductas de forma escrita, para que el centro educativo haga la investigación que corresponda y deduzca responsabilidades de los hechos. En el caso del bullying debemos atender además el área emocional de nuestro hijo, fortaleciendo su autoestima, su confianza y su carácter, evaluar nuestras acciones en cuanto a la formación de su personalidad. Además, solicitar apoyo al centro escolar para que brinde las medidas de protección necesarias, el acompañamiento a los agresores, deducción de responsabilidades y la notificación a los padres de los niños agresores, así como la sensibilización al grupo de compañeros o de los observadores del bullying.

En el caso del bullying, se presentan síntomas como por ejemplo negarse a ir al colegio, un cambio significativo en el rendimiento académico sin justificación, síntomas de depresión y ansiedad, irritabilidad, falta de apetito, dolores o enfermedades sin explicación, dificultad para dormir, aislamiento o apatía, entre otros. Estos cambios son fácilmente identificables en niños con condición emocional sana. Por lo que nuestra labor como padres de familia y con el apoyo de Colegios APDE, es fundamental en cuanto a crear entornos sanos para desarrollar una vida emocional estable y enriquecedora para fortalecer el carácter de nuestro hijo.

Mi hijo se peleó en clase ¿Qué puedo hacer?

Los niños en edad escolar a menudo tienden a pelear por los juguetes, o por cualquier cosa. Es una etapa de egocentrismo, donde descubren que tienen voluntad propia, descubren su yo y por lo tanto quieren defenderlo. Ganar un espacio de protagonismo o saber afianzarse dentro de un grupo social. El reconocimiento de sentirse victorioso y reafirmar su posición.

Ante un episodio de esta índole los padres de familia tenemos una excelente oportunidad para poder ejercer nuestro rol como primeros y principales educadores de nuestros hijos; como en su momento lo manifestó uno de mis formadores en Colegios APDE: “Cada acción es una oportunidad para formar o para deformar”.

Como padres de familia ante una situación de esta índole podríamos aprovechar para modelar el carácter de nuestros hijos, por un lado, tener una conversación prudente con nuestros hijos y escuchar su versión de los hechos. A partir de ello, hacer un contraste con la versión oficial de parte del colegio, con ello estamos en capacidad de emitir un juicio moral para deducir: ¿Mi hijo inicio la pelea o mi hijo se defendió? Con esta deducción podemos orientar de forma adecuada nuestra posición como formadores.

Si por un lado deducimos que nuestro hijo fue un iniciador de la pelea, (agresor) regularmente por postura que ellos consideran justas, los padres de familia tienen una inmejorable situación para educar en el respeto y la no agresividad, las personas debemos saber convivir con los demás sin importar sus perspectivas. Es también un momento en el que podemos enseñar a nuestro hijo que puede acudir con las autoridades del colegio para expresar su malestar por actitudes o conductas que puedan deteriorar la sana convivencia, por último, es una oportunidad para nuestro hijo aprenda a pedir perdón y ofrecer disculpas por la conducta que ha tomado que seguramente no es propia de los valores de la familia.

Esta situación ¿en qué momento nos debe preocupar? cuando nuestro hijo por diversos motivos presente dificultades en el control de impulsos y no agreda por “maldad” sino porque no es capaz de controlarse. Estas conductas puedan llegar a crear en él un estereotipo de agresor y esto a su vez, dañe su autoestima.

En contraparte si nuestro hijo es el agredido, es una buena oportunidad para manifestarle que no está solo, es un importante momento para enseñarle a defenderse para que se sienta empoderado y que él es capaz de defenderse. De lo contrario, ese niño puede crecer indefenso, creyendo que él no cuenta con los medios para protegerse, sino que siempre requerirá una protección externa. Los padres deben preocuparse cuando su hijo es víctima de todos los otros niños y, no es capaz de defenderse ante ninguna situación, en estos casos, el niño tenga un problema más profundo de inseguridad.

Es por ello que los padres debemos reafirmar mucho la autoestima de los hijos y enseñarles estrategias para defenderse y mecanismos para solucionar conflictos. De igual forma, la comunicación con el colegio es vital para que logré ser un mediador prudente y se tomen las medidas educativas correctivas para la sana convivencia de los alumnos.

Bullying y acoso escolar: ¿Cómo reconocerlo y cómo enfrentarlo?

El acoso escolar existe y ha existido siempre, sin embargo, en la última década se ha convertido en un tema de discusión y preocupación. Probablemente haya cambiado la forma en que se manifiesta, extendiéndose también al ámbito digital. Es un tema importante de tratar con los padres y con los alumnos. Los padres deben explicar a sus hijos qué es el bullying y la forma en que se debe enfrentar una situación de acoso tanto si se es una víctima como si se espectador.

La mayoría de padres ha leído algún artículo sobre el tema, este es un buen primer paso para ser capaces de explicar a los hijos qué es y cómo enfrentarlo. También hay que tener en cuenta que los niños que acosan, no necesariamente son niños malos o peligrosos, muchas veces, son niños que desean llamar la atención. Lo que sí es importante es corregir la situación y ayudar tanto a la víctima como al acosador, ya que ambos necesitan ayuda.

El bullying o acoso escolar hace referencia a una acción de agresión intencionada y recurrente, por lo general se da sin un motivo específico. La agresión puede adoptar distintas modalidades, puede ser física, generalmente entre los niños suele ser así, entre las niñas suele manifestarse como una burla o el ignorar a una compañera. También puede ser de tipo verbal, como una amenaza, o social, aislando o marginando al acosado.

Entre los niños y jóvenes suelen haber disgustos, pleitos y distanciamientos. Sin embargo, si son incidentes aislados, no son una situación de bullying o acoso. Es importante tenerlo presente para saber cómo resolver la situación y reaccionar adecuadamente. Una situación de bullying puede provocar daños serios y debe atenderse lo más pronto posible, una pelea o una discusión puede resolverse con pedir una disculpa.

Algunos expertos en el tema opinan que el problema del bullying es “un problema multidimensional de una sociedad cambiante”, no tiene una única causa y se ha intensificado en la actualidad. Las nuevas generaciones han tenido muchas cosas más: confort, tecnología, etc., pero también les ha tocado vivir en un ambiente de inseguridad, de miedo, por diferentes razones: problemas económicos de sus padres, divorcios, terrorismo, etc. Los niños hacen bullying no porque sean menos inteligentes o porque tengan problemas psicológicos, aunque después de un tiempo de hacerlo o sufrirlo, sí pueden desarrollar problemas y personalidades desequilibradas. El acosador generalmente busca poder y desea tenerlo rápido; la víctima suele tener una baja autoestima. El resto de los alumnos podrían ser espectadores pasivos si no se les explica la responsabilidad que tienen de no permitir o de informar a sus padres o al profesor de este tipo de situaciones; y para Colegios APDE la labor del asesor educativa colabora para que tanto quien acosa aprenda a ser generoso y quien se siente acosao logre potenciar su carácter y confianza.

El bullying se resuelve dándoles a los niños y jóvenes herramientas emocionales que les permitan ser empáticos con sus compañeros, que sean capaces reconocer las necesidades y carencias del prójimo y que se conmuevan. El ambiente familiar de confianza y respeto, el trabajo colaborativo, las actividades de solidaridad, la preocupación por otros, la capacidad de perdonar, etc., son indispensables para que los niños y jóvenes sean capaces de respetar a los demás. El estilo de vida familiar y escolar que promueva el interés por los otros, es determinante para resolver este tipo de situaciones.

La obra de Dios explicada a los niños

En colegios APDE se procura dar una formación integral a todos los alumnos y parte de esta labor tan importante en la vida familiar, incluye la asignatura de teología como parte del programa académico de cada uno de nuestros chicos, así como se ofrecen distintos medios de formación para padres de familia que deseen enriquecer su labor de primeros educadores.

Desde nuestro bautismo formamos parte de la Iglesia, la familia de Dios. La Iglesia es una familia muy grande, y así como en nuestra familia natural hay diversas personalidades, diversas habilidades y diversos gustos, en la familia de Dios hay distintos modos de hacerse santo, que es lo que Dios nos pide a todos sus hijos. Si no luchamos por ser santos, no podemos llegar al Cielo. Y tú y yo queremos ir al cielo, ¿no es cierto?

Hay miembros de la familia de Dios que se dedican al cuidado de los ancianos y enfermos, hay otros que se dedican a la educación de los jóvenes, otros que son misioneros: van a lugares lejanos donde la gente no ha oído hablar de Dios, y algunos que dedican todo el tiempo y esfuerzo a rezar. Es lo que Dios les ha pedido para ser santos.

Hace casi 100 años Dios le pidió a Josemaría Escrivá que recordara a las personas que todos podemos y debemos ser santos, sin hacer cosas raras, sin tener que irnos a un convento. San Josemaría rezó mucho para poder cumplir lo que Dios le pedía y pensó que la mejor manera de hacerlo era siendo sacerdote. Poco a poco fue contándole a diferentes personas que podían santificarse en su profesión: como estudiantes, cocineros, médicos, profesores, ingenieros, jardineros, mecánicos, cantantes, futbolistas, vendedores, incluso estando enfermos si ofrecían a Dios su trabajo y procuraban cumplirlo muy bien…

Así nació el Opus Dei, que significa trabajo de Dios, obra de Dios. Nació en España el 2 de octubre de 1928 y ahora está en muchísimos países: Italia, Portugal, Sudáfrica, Japón, India, Guatemala, El Salvador, México, Estados Unidos, Brasil, Colombia….

El Opus Dei enseña que podemos ser santos no importa si soy niño, joven, adulto o anciano, si tratamos de hacer lo mejor posible y le ofrecemos a Dios es esfuerzo que suponen las cosas ordinarias de la vida: levantarme al sonar el despertador, hacer mi cama, guardar las cosas en su lugar después de usarlas, hacer mis tareas, jugar, cumplir mi encargo en casa, sonreír, aunque no tenga ganas…, pero lo hacemos para agradar a Dios.

Bullying ¿Paradigma o realidad?

Hace ya varios años se conoció, en la prensa escrita de un país conocido, el suicidio de un estudiante durante una celebración de finalización de curso. Luego de las investigaciones, sus padres encontraron una carta en la que el joven relataba el porqué de su decisión extrema y mencionaba los nombres de quienes le hacían la vida imposible. Todo aquello fue una verdadera tragedia que circuló por varias semanas entre familiares, compañeros, comunidades educativas y las notas de los medios de comunicación.

Hoy día nadie puede negar que la existencia de agresiones en las instituciones educativas sea una realidad. Si bien es cierto que existen diferentes tipos de agresiones (verbales, físicas, psicológicas, cibernéticas, laborales, etc.), aquellas que ocurren de forma sistemática, continua, sostenida, intencional, con la finalidad de causar daño y provocar la diversión, son las que sustentan el concepto actual de “bullying”. Esto no quiere decir que las agresiones esporádicas no sean agresiones, pero hay que diferenciarlas, puesto que forman parte de una cultura que se debe cambiar, pero no necesariamente constituyen “bullying” en sí mismas.

Tanto las agresiones que forman parte de lo que llamamos “cultura” como las que constituyen la esencia del “bullying”, deben ser atendidas y erradicadas de fondo. En esta tarea los actores principales son los adultos, padres de familia y profesores, que deben despojarse de las típicas reacciones para echarse culpas mutuamente y de verdad unir con total franqueza y transparencia sus esfuerzos para ayudar a los agredidos, agresores y a los que conocen como indiferentes o espectadores. Cada uno tiene un papel fundamental que cumplir, sin el cual el fenómeno del bullying difícilmente se podrá erradicar.

Para completar, la institución educativa debe tener una estructura, organización y clima que permita el desarrollo de una convivencia armónica, de respeto y comprensión, que facilite un ambiente que promueva la erradicación de la cultura de agresión y el bullying. No es tarea fácil, pero se puede lograr si cada actor asume su papel.

En la cultura actual si un joven en la calle le dirige un “piropo” a una chica, con seguridad que puede terminar en un juicio, acusado de violencia contra la mujer por maltrato verbal. Asimismo, si un pasajero en un vuelo aéreo enciende un cigarrillo dentro de la cabina, puede terminar en la cárcel por atentar contra la salud de los pasajeros. De igual manera, debemos lograr que se erradique cualquier tipo de agresión de nuestra cultura; ya sea de tipo físico, verbal, psicológico, laboral o cibernético. En esto, todos tenemos un rol específico y concreto que jugar.

Referencia.

Libro: “Bullying: agresores y agredidos. Lo que los profesores y los padres deben hacer”.
Autor: Danis Omar Rodríguez. Maestro. Intérprete de Sordos. Psicólogo Educativo. Máster en Docencia Universitaria. Máster en Orientación Educativa Familiar.

¿Cómo afectará el covid-19 a la educación?

Hace un par de días, por medio de las redes sociales, recibí la noticia del fallecimiento de un gran amigo, médico, a causa del COVID-19. Había llegado al país para visitar a sus familiares y le sorprendió la muerte. Nadie le pudo acompañar en sus últimos momentos y fue devuelto a su esposa hecho un puñado de cenizas. Se trata de un drama que sin duda han vivido muchas familias en diversos países.

Estamos en un confinamiento a causa de una pandemia provocada por el microscópico Coronavirus, que tiene en vilo al mundo entero y ha causado cientos de miles de muertes, colapsando los sistemas sanitarios, sociales, políticos y económicos.

Cada nación hace esfuerzos titánicos por controlar la epidemia, con mayor o menor éxito y con diferentes enfoques. En unos casos se dictan regulaciones para proteger los ciudadanos, con los consecuentes efectos económico y sociales. En otros casos, las normas brindan ventajas para que no colapsen los sistemas económicos, pero desfavorece a las personas. El mundo se debate hoy entre lo económico y lo social, intentando buscar el mejor equilibrio para evitar la debacle de los países.

Mientras tanto, decenas de cientos de miles de estudiantes se mantienen resguardados en sus hogares, sin tener la oportunidad del tradicional proceso de aprendizaje presencial. Esto ha provocado un buen grado de innovación en las instituciones educativas, que intentan lograr el menor impacto en el proceso formativo de su niñez y juventud. Para ello se impulsan guías, materiales de apoyo, libretas de trabajo, aplicaciones tecnológicas en línea, clases virtuales, plataformas de comunicación y trabajo, etc.; con las correspondientes preocupaciones de los padres y responsables para lograr que sus hijos aprovechen el tiempo lo mejor posible.

Pero, ¿qué pasará con la educación, la economía, la política y el sistema sanitario cuando termine la pandemia? ¿Volverá todo a la normalidad? ¿Será igual que antes? Nos vamos a referir por ahora exclusivamente al impacto educativo.

Primero, se debe volver a las aulas sin las angustias de las clases perdidas, con el reto de hacer lo mejor posible, sin el estrés de querer cumplir rígidamente y a como de lugar el programa académico. Tocará revisar y asegurar los aprendizajes básicos en el tiempo que la finalización de la pandemia permita, con mucha confianza y seguridad. Luego se podrá sacar provecho a las innovaciones ocurridas durante el resguardo de los estudiantes en casa, para impulsar nuevas formas innovadoras y tecnológicas para desarrollar los aprendizajes. Seguro que las clases en línea, las comunicaciones virtuales, las conectividad a distancia y las plataformas de trabajo en tiempo real tendrán un importante auge en los sistemas educativos. En conclusión: la educación ya no sería igual que antes del COVID-19.

5 consejos para un home office efectivo

Debido a la situación en las que nos encontramos como país, es necesario optimizar nuestro tiempo para seguir cumpliendo con las atribuciones que tenemos encomendadas. A continuación, se listan cinco consejos para tener un tiempo de teletrabajo efectivo:

  1. Seleccione un espacio en casa con suficiente iluminación y ventilación; si tiene vista al jardín, es mejor. De esta manera no nos sentiremos abrumados ante la imposibilidad de salir de casa.
  2. Planifique las tareas a realizar anotándolas en una agenda. De esta forma nos aseguramos de ir cumpliendo con las tareas asignadas y estimar los tiempos de trabajo.
  3. Utilice ropa cómoda. Con esto no decimos estar en pijama todo el día, pero si utilizar un atuendo que permita mayor movilidad y confort para estar varias horas frente a la computadora.
  4. Desconéctese de las redes sociales mientras se encuentra trabajando. Es muy fácil caer ante la tentación de revisar los mensajes que envían familiares y amigos a través de las redes sociales. Al evitar las distracciones innecesarias, haremos uso efectivo del tiempo asignado.
  5. Es necesario hacer pausas activas. Al estar ubicados en casa, la mayor parte del día, sin distracciones de los compañeros de trabajo puede perderse la noción del tiempo. Levantarse cada hora, estirar la espalda y brazos, hacer respiraciones para oxigenar el cerebro y mover las piernas, nos permitirán enfocarnos con mayor facilidad.

Y lo más importante, este es un momento para reflexionar y poder compartir momentos agradables en familia. No siempre se tiene la oportunidad de compartir los tres tiempos de comida con la familia completa, o de acompañar a nuestros hijos en sus ocupaciones. Este momento será de mucho aprendizaje para los niños si ven que en casa se toman las medidas necesarias, y se agradece y disfruta de la bendición de la buena salud.

¿Cómo explicarles a los niños qué es el covid-19? Parte 02

¿Cuál es el plan de acción?

Después de educar con la “teoría” del COVID-19 a los niños, se debe pasar a la práctica sacando provecho de la situación y teniendo una perspectiva positiva ante el virus. Como padres, seguramente buscamos que en todo momento los niños continúen afianzando su autonomía e independencia, y COVID-19 es una gran oportunidad para trabajar distintos valores, destrezas, hábitos y rutinas relacionadas a su etapa de desarrollo.

A. Empecemos con las prácticas físicas y de salud:

Es un buen momento para reforzar los hábitos de higiene y de salud. Se debe explicar que las prácticas de higiene y los hábitos de salud son esenciales para combatir esta enfermedad y evitar contraerla. Por lo tanto, los niños deben dormir las horas necesarias, lavarse las manos frecuentemente con agua y jabón en un período de tiempo adecuado; se motiva a los niños a cantar una canción mientras lo hacen. Utilizar gel antibacterial y dejarlo secar es otra de las recomendaciones. También cuidar la higiene respiratoria, cubriéndose la boca o la nariz con el codo flexionado o utilizando un pañuelo al toser o estornudar. Esto los ayudará a sentirse fuertes y sanos, evitando que el virus se esparza. Además, son prácticas que promueven las competencias de autoprotección, sentido de autoeficacia y seguridad en sí mismos; así como también del cuidado de otros, haciéndolos más conscientes de las veces que se exponen cotidianamente a factores de riesgo para su salud y la de otros.

B. Prácticas sociales y comunitarias:

En cuanto a las prácticas sociales e interpersonales o comunitarias, se debe recordar que las preocupaciones de los niños y adolescentes giran en torno a sus familiares y amistades, más que en sí mismos. La tecnología puede aprovecharse para brindarles el acompañamiento necesario y las oportunidades de seguir en contacto con cada uno de ellos en períodos de tiempo establecidos. Es importante explicar los cambios en las rutinas como: dejar de asistir a sus centros educativos, pero continuando con sus programas y actividades escolares. Se debe transmitir que esta situación es temporal y que pronto regresarán a sus actividades sociales fuera de casa, y que incluso estarán mejor preparados para disfrutar de las actividades que antes hacían.

Otro punto importante en este apartado es hablar de las cosas que están sucediendo en el país y en el mundo para ayudar a las personas a sentirse seguras y saludables. Se busca contarles acerca de la gran labor que hacen los equipos de salud y los equipos médicos; así como también los distintos servidores públicos que se han preparado y que trabajan para apoyar y brindar servicios a quienes se enfermen y se vean afectados. Los niños mayores podrán sentir alivio incluso si se explica que hay científicos que están trabajando para desarrollar una vacuna. Esta también es una oportunidad para propiciar el valor de la gratitud en el cual pueden ingeniar actividades que propicie el agradecimiento a lo que otros están haciendo por mejorar la situación. Además, en este punto se puede enfatizar en la importancia del trabajo en equipo y la unión a través de la familia y la convivencia familiar; ya que la familia debe ser la base de la sociedad unida.

C. Prácticas emocionales:

Continuar educando la afectividad en medio de situaciones de crisis es de gran importancia, especialmente para los más pequeños. Es importante validar cada una de sus emociones, dando espacios para que puedan compartir sus miedos. Se puede aprovechar este tiempo para realizar actividades en las cuales los niños manifiesten sus inquietudes. En estos momentos, los padres deben proporcionar la certeza de que pueden acudir a ellos con preguntas y dudas en todo momento. Transmitir mensajes esperanzadores y optimistas, pero realistas, honestos, transparentes y basados en hechos que puedan comprender, potenciará también sus emociones. Encontrar lo “divertido” en medio de la crisis es otra práctica que puede empoderar y forjar las emociones y la personalidad de los niños. Por ejemplo, jugando a convertirse en “destructores del germen y protectores de la sociedad”. Con las prácticas de higiene y de salud, podrán sentir que tienen control de la situación y esto les brindará herramientas de afrontamiento y de resiliencia, la capacidad de superar situaciones difíciles.

Además es importante evitar la culpa innecesaria como en situaciones tensas que puedan surgir entre los adultos en el hogar, estereotipos ante la situación, comentarios negativos, prejuicios, entre otros aspectos que lleven a malentendidos; especialmente si no van en la línea con el plan educativo en valores que se tiene en casa. Por lo tanto, limitar el acceso a la información en internet y las redes sociales es esencial. Así como también evitar ver y escuchar información que pueda frustrar o preocupar a los niños si están presentes.

Por último, es vital tener presente la necesidad de mantener los días estructurados para propiciar el bienestar de todos. Mantenerse en una rutina u horario en el que se les motive a los niños continuar con sus responsabilidades y a realizar actividades extracurriculares, recreativas y en familia. No se debe presionar a ningún miembro de la familia, especialmente a los niños, pues ellos irán marcando la pauta y el ritmo en esta época de cambios y transiciones.

Recordemos que se educa con el ejemplo y que como padres deben aprovechar estos momentos para ser buenos modelos a seguir de los niños. No tengan miedo de discutir y conversar acerca del virus.

Referencias:

Bolduan, K. 2020. What I´m telling my kids about COVID-19. CNN. Recuperado de:

https://edition.cnn.com/2020/03/16/opinions/telling-my-kids-about-coronavirus-bolduan/index.html

Ehmke, R. 2020. Talking to Kids About the Coronavirus. Child Mind Institute.

Recuperado de: https://childmind.org/article/talking-to-kids-about-the-coronavirus/

NASP. 2020. Talking to Children About COVID-19 (Coronavirus): A Parent Resource. National Association of School Psychologists; helping children thrive in school, at home and in life. Recuperado de:

https://www.nasponline.org/resources-and-publications/resources-and-podcasts/school-climate-safety-and-crisis/health-crisis-resources/talking-to-children-about-covid-19-(coronavirus)-a-parent-resource

Pendley, J. 2020. Coronavirus (COVID-19): How to talk to your child. Kids Health.

Recuperado de: https://kidshealth.org/en/parents/coronavirus-how-talk-child.html

UNICEF. 2020. Cornonavirus (COVID-19): Lo que madres, padres y educadores deben saber: cómo proteger a hijas, hijos y alumnos. UNICEF para cada niño. Guía para padres sobre Coronavirus (PDF).