Ejerciendo la autoridad en la familia

Se habla de que la sociedad está en crisis, crisis financiera, crisis de valores, crisis de violencia, crisis de autoridad… Como madre y educadora me preocupa sobre todo esta última porque está en nuestras manos el resolverla y porque tiene muchas consecuencias en la educación.

El ambiente que nos rodea exalta los valores de la comodidad, el placer, la tolerancia, la autorrealización, la libertad, etc. Los padres nos quejamos de lo difícil que nos resulta en este ambiente que los hijos nos respeten, que obedezcan y que hagan buen uso de su libertad. Queremos a nuestros hijos y queremos que lleguen a ser felices pero, ¿estamos ejerciendo nuestra autoridad para educarlos bien?

A veces somos los primeros en tener miedo a exigirles ejerciendo nuestra autoridad, la cual si bien es un derecho, también es una obligación. Si los hijos se quejan porque tienen mucho trabajo o porque sus profesores les exigen demasiado, saltamos en su defensa como si tal cosa fuera un daño, cuando en realidad es la manera en que aprenderán a saborear el gozo y la alegría que provoca un trabajo bien hecho. Invertimos tiempo y energía en consultarles a dónde quieren ir a comer, les damos muchas alternativas para que elijan qué deporte les gustaría practicar y luego estamos ansiosos por satisfacerlos y hasta temerosos de no quedar bien con ellos o de perder su “amistad”. El resultado: hijos caprichosos y tiranos.

¿Por qué nos cuesta establecer reglas y luego exigir que las cumplan? Porque para exigir con autoridad primero tenemos que darles el ejemplo de nuestra conducta coherente, de nuestro prestigio profesional, de nuestro trabajo bien hecho, etc. Nuestros hijos necesitan que les marquemos límites, que les exijamos, que les corrijamos con firmeza, que no significa violencia o rigidez. La autoridad se puede ejercer con alegría, serenidad y, con la convicción de que es indispensable para mostrarles a los hijos lo que vale la pena en la vida. Nos costará trabajo, paciencia, tiempo… pero, ¿quién dijo que educar era fácil? No es fácil pero vale la pena hacerlo con autoridad.

¿Cómo puedo apoyar a mis hijos con sus tareas?

Como padres nos enfrentamos a diario con las tareas escolares de nuestros hijos y muchas veces no sabemos cuál debe ser nuestra actitud ante ellas. Sabemos que son una gran oportunidad para involucrarnos con ellos, pero a la vez también son ocasión para favorecer el desarrollo de la autonomía, reforzar destrezas, adquirir responsabilidad y mejorar la atención y concentración.

Algunas ideas prácticas sobre cuál debe ser nuestro papel de padres ante las tareas de nuestros hijos son: proporcionarles un ambiente de estudio adecuado, es decir, un lugar fijo, que tenga buena iluminación y ventilación y que esté alejado de distracciones. También es importante facilitar los materiales que requieran para una actividad, previamente al inicio de la misma.

Establecer rutinas de trabajo es de suma importancia ya que esto les ayudará a anticiparse y saber lo que viene después de cada actividad. Debemos permitirles tener un momento de descanso al llegar a casa, tomar una pequeña merienda y luego iniciar sus tareas, las cuales deben empezarse en un horario fijo, mientras más temprano mejor, ya que, a última hora por la noche su rendimiento no será el más adecuado. Permitámosles pequeños descansos de 5 minutos entre una tarea y otra.

Exijamos de forma comprensiva, los niños por encontrarse en pleno proceso de formación son generalmente menos responsables y constantes. La exigencia es más eficaz cuando hacemos saber a nuestros hijos lo que se espera de ellos, enfoquémonos más en el esfuerzo y trabajo bien hecho antes que en los resultados o calificaciones.

Recordemos que los más importante es fomentar la autonomía, que sean ellos quienes se hagan cargo y asuman sus responsabilidades, podemos supervisar la tarea y resolver alguna duda si es necesario, pero lo significativo no es una tarea perfecta sino las destrezas y hábitos que adquieren cuando las hacen ellos mismos.

El riesgo de una mala nota no debe ser motivo para que nosotros nos hagamos cargo, ya que, al desarrollar la autonomía, su autoestima y confianza crecen. Por el contrario, cuando hacemos las tareas por ellos, inconscientemente les enviamos el mensaje que no confiamos en su capacidad de hacer las cosas por sí mismos y de resolución de problemas.

¿Cómo hablar de sexualidad con mis hijos?

Un buen consejo es aprovechar todos los momentos del día para estar muy cerca de los hijos, estar atentos a sus inquietudes y fortalecer la confianza hacia sus padres. También es importante mantener un canal de comunicación abierto; sin escandalizarse cuando cometen errores o preguntan cosas, así ellos se sentirán en total confianza de preguntar todas las dudas que se les presenten.

Al conversar sobre sexualidad se debe procurar emplear un lenguaje de calidad, delicadeza, pero diciendo siempre la verdad. Si el niño percibe incomodidad por parte de sus padres preferirá no preguntar. También es importante hacerlo de manera individual y con la mayor privacidad posible para que se sienta cómodo.

La educación de la afectividad empieza desde el vientre materno por medio del amor que se transmite a los hijos, luego al nacer con la formación de hábitos y virtudes. Lo anterior preparará el terreno para poder conversar con ellos sobre sexualidad. En temas de sexualidad es mejor llegar antes que 5 minutos después. Si no se ha despertado la curiosidad sobre el origen de la vida, es mejor que los padres se lo expliquen antes que otras personas se lo hagan saber y le proporcionen información inadecuada.

Si tu hijo pregunta sobre el origen de la vida: lo primero será repreguntar para verificar el origen de la pregunta, si se debe a una natural inquietud o bien se está relacionada a algo que ha observado o escuchado. Esto dará la pauta para saber la manera abordar el tema y hasta donde es necesario explicar. En este caso, es importante hablar con cariño y naturalidad, haciéndoles ver que la vida es un don que procede del amor entre los padres.

Se puede recurrir a la analogía de que papá por medio de un fuerte abrazo pone una semillita en mamá, que luego empieza la vida del bebé; se podría comparar que el vientre de mamá es la cunita del bebé y que luego de un tiempo nacerá. Aquí no termina esta formación, esta explicación puede servir como punto de partida para futuras conversaciones que deben darse de forma gradual y atendiendo a la edad y ritmo de madurez de los hijos.

Si tu hijo no ha preguntado nada sobre el origen de la vida, puedes aprovechar las situaciones que se den alrededor; como por ejemplo al ver a una mamá que está embarazada podrías suscitar una conversación al respecto.

Claudia de Paredes

¿Cómo hablar con los hijos sobre el aborto?

El diálogo y la conversación son un punto determinante para lograr desarrollar a nuestros hijos en un ambiente seguro. Cada vez más en un mundo ultra-conectado resultado contradictorio que se pierda la comunicación con los más próximos.

El siglo XXI es considerado por los expertos como el siglo de la información. En medio de la vorágine de noticias, redes sociales y comentarios el acceso a la información sobre el aborto, tomando como un factor determinante que nuestros niños y adolescentes están estrechamente vinculados a las tecnologías es prácticamente imposible que esta información no los alcance. Por razones más que obvias esta información no siempre irá en concordancia con nuestro proyecto educativo familiar, nuestros valores y principios religiosos.

En este contexto debemos plantearnos como padres de familia, cómo fortalecer nuestras convicciones y que las mismas sean aceptadas por nuestros hijos como parte de nuestra cultura familiar. A qué responden nuestros hijos cuando deben emitir un juicio de valor moral con respecto a este controversial tema.

Uno de mis propósitos al escribir este artículo es lograr que los padres puedan abordar este tema de una forma abierta, clara, directa y pertinente. Para ello existe un elemento importante que determina en gran medida el éxito del alcance y penetración del mensaje; me refirió al canal que utilizamos para poder dirigirlo. Ante ello estimado lector puedo formular una pregunta ¿Tengo un canal de comunicación abierto con mi hijo? Bajo esta perspectiva poder ponderar si como padres estamos transmitiendo nuestros valores a nuestros hijos o nos estamos limitando a reproducir planteamiento sin un debido proceso de asimilación por parte de ellos. Es responsabilidad y derecho de los padres orientar a los hijos en este y otros temas.

La confianza, la libertad y sobre todo el afecto son elementos fundamentales y necesarios para entablar una conversación sobre este tema. Para complementar esta idea a continuación enumero algunas ideas que nos permitan abordar este tema y sepamos con claridad lo que queremos compartirles:

  • Propiciar un ambiente cómodo y de confianza para que el niño/adolescente se sienta que puede escuchar y ser escuchado.
  • No subestimar la capacidad de comprensión que tienen los niños.
  • Hablar con claridad, usando un lenguaje sencillo y preciso.
  • No evadir las preguntas e inquietudes que expongan sobre el tema, responder con sinceridad.
  • Proporcionar información sobre otras medidas que se puedan tomar para evitar estas situaciones, como la adopción.

Como padres de familia no podemos controlar el mundo exterior, no es fácil evitar que nuestros hijos sean expuestos a cierta información y contenido, pero sí podemos lograr que al momento que se enfrenten a determinados temas o debates tengan una postura clara al respecto.

Juan Carlos Ruíz
Asistente de Subdirección de Orientación
Colegio El Roble

¿Cómo hablar del ateísmo con mis hijos?

Educar a los hijos es una labor apasionante. La familia, como iglesia doméstica tiene la gran responsabilidad de transmitir la fe desde pequeños a los hijos. Es una tarea que conlleva esfuerzo de los padres de familia por ser ejemplo de vida de fe, pero sobre todo de confianza en Dios.

En el caminar de este educar en la fe, puede suceder que los hijos se encuentren con la realidad de personas que rechazan la existencia de Dios (ateísmo) o, en el mejor de los casos, el aceptar la existencia de Dios, pero siendo este un ser lejano a los hombres (agnosticismo). Esto es, porque tanto ateos como agnósticos no perciben de ninguna manera la necesidad del amor de Dios, que no cesa de buscar a sus hijos los hombres a pesar del pecado (1 Timoteo 2,4). Pero, la cuestión es, si Dios, a pesar de la indiferencia del hombre al no querer creer en Él ¿le abandona o, en cambio, sigue buscándole hasta que lo encuentre y le salve?

Una historia real que nos puede servir para explicar cómo Dios sale al encuentro del hombre que es indiferente a su amor o, que lo rechaza explícitamente, es lo sucedido con un niño italiano durante una audiencia con el Papa Francisco en el año 2018. El niño italiano en cuestión le preguntó al Papa Francisco si su papá, que era ateo, ¿estaba ahora en el cielo?

El Papa, con su corazón de padre, consoló a Emanuele, escuchándole entre sollozos. El Papá dijo que “ojalá todos pudiéramos llorar como Emanuele cuando tengamos un dolor como el que tiene en el corazón”: el no saber si su padre estaba en el cielo, sabiendo que era ateo y también un buen padre de familia. Era un buen padre porque quería a su familia y, además, bautizo a sus cuatro hijos.

A raíz de este suceso, el Papa Francisco nos cuestiona a todos los cristianos si, a ese buen padre, a pesar de no creer en Dios es capaz de bautizar a sus hijos: ¿podemos pensar que Dios sería capaz de dejarlo lejos de Él? ¿Dios es capaz de abandonar a sus hijos cuando son buenos? A estas interrogantes responde que Dios seguramente estaría orgulloso de este padre de familia, porque es más fácil, siendo creyente, bautizar a los hijos, que bautizarlos siendo no creyente. Y esto seguramente a Dios le ha gustado mucho.

Ante la posibilidad de la lejanía de Dios o del rechazo hacia Él y su amor que se pueda suscitar dentro o fuera de la familia, es importante que los padres de familia muestren siempre a los hijos que Dios es un Padre rico en misericordia, que no se cansa de amar y de perdonarnos.

Lic. José Miguel Díaz
Subdirector de Orientación
Colegio El Roble

¿Cómo hablar de comunismo con nuestros hijos?

El principio del comunismo es trato igualitario entre todos los ciudadanos, es decir, que todos recibirán el mismo trato. Sin embargo, desde su origen no es posible, ya que se requiere de alguien con su equipo de trabajo para encargarse de la organización, ordenamiento, distribución y cobro de impuestos para que todos reciban precisamente lo mismo.

Te pongo el ejemplo de por qué no es posible esto: si una persona produce 12, otra 8 y otra 4 entre ellos se logró un total de 24, pero para poder distribuir entre los tres lo mismo, se requerirá que alguien lo haga y este no lo hará de gratis, por lo que resulta una cuarta persona involucrada. Y si con lo anterior hay que aplicar el principio de comunidad e igualdad para todos, a cada una de estas personas les tocaría 6 unidades producidas.

Ahora bien, se debe tomar en cuenta lo siguiente: la persona que produjo 12 recibe sólo 6 (6 menos de lo que aportó), la que produjo 8 también recibe 6 (2 menos de lo que aportó), la tercera persona recibe 6 (2 más de lo que aportó) y quien reparte recibe un pago de 6 por sólo repartir igualitariamente, mas no equitativamente.

Ese trato común o aparentemente igualitario, pero no equitativo, provocará descontento al primero y al segundo por haber recibido menos de lo que fueron capaces de producir, y el tercer y cuarto se sentirán contentos por haber recibido más habiendo producido menos. Te imaginas que este malestar provocara este pensar: “Si haciendo poco recibo lo mismo que los demás, pues entonces continuaré haciendo poco” y por la otra parte se puede pensar así “para qué producir más si me darán lo mismo que los que producen poco”.

Pues por lo anterior, podría darse el siguiente fenómeno: quien producía 12 resulta produciendo 6, el de ocho produce también 6 y el de cuatro continúa produciendo 4. La repartición resultaría siendo la siguiente: para quien reparte recibiría 4 y las otras tres personas cada quien recibiría únicamente 4.

Este es un ejemplo en cuanto a la distribución de los bienes materiales producidos. ¿Te imaginas lo que provocaría el pretender educar de ésta manera a toda una ciudadanía? Pues lo más probable es que no estimule el desarrollo, progreso, crecimiento económico y se busque la dependencia de quienes procuran el trabajo bien hecho de dicha sociedad.

Alejandro Cuéllar Cabrera
Coordinador de Comunicación & Admisiones Colegio El Roble