¿Cómo le enseño a mi hijo a ir al baño solo?

Cuando empezamos, el proceso de entrenamiento inicia en casa, lo primero es aprovechar los fines de semana, descansos y feriados para poder vivirlo en forma continua, aunque el entrenamiento es largo y depende de cada niño.

Para iniciar el entrenamiento se necesita disposición de ambos padres, paciencia y bastantes mudadas para cambios rápido de ropa cuando sea necesario. Para iniciar es necesario planificarlo para que el niño sufra un solo cambio a la vez.

En términos generales, se tiene que dar el proceso del control de esfínteres entre los 18 y 24 meses de edad, pero depende de la madurez, desarrollo de los músculos, estructura de su sistema urinario, sistema nervioso central y factores hereditarios (son muy importantes los datos que corresponden a los padres).

Situaciones cotidianas del entrenamiento:

  • El abandono del pañal durante el día requiere que ya tengan lenguaje oral para avisar que necesita ir hacer pis… es fundamental.
  • El primer indicio de abandono del pañal por las noches es que al amanecer esté seco, tómelo en cuenta antes de iniciar.
  • Las regresiones o pérdida temporal del control de esfínteres se presentan a lo largo de la vida en períodos críticos, tomar en cuenta que la tranquilidad con la que se afronte el entrenamiento hará que desaparezcan fácilmente. No se preocupe, implemente lo que le sea posible y se adapte a sus necesidades.
  • La llegada de un nuevo hermanito puede detonar regresión, eso es natural, tómelo con calma y demuéstrele su amor y paciencia, se afronta estableciendo un horario y apoyando.

Pasos de verificación previos al inicio del entrenamiento:

  • Es de vital importancia que el entorno familiar y social facilite este evento como algo natural, no como un deseo urgente o prioritario para continuar una relación empática con el hijo.
  • Verificar que el niño ya éste en el proceso de pañales desechables de entrenamiento.
  • Que manifieste su molestia de andar sucio o mojado, ya que esto motivará el cambio.
  • Se le inicia en el uso alterno de pañal y llevarlo al baño antes de quitar el pañal totalmente.
  • Conocer el patrón de evacuación del niño para saber a qué enfrentan como padres y las necesidades diarias del niño.
  • Que no se estén viviendo dos cambios o procesos que tengan que adquirir simultáneamente.

¿Las tareas aún funcionan?

El debate sobre la funcionalidad de las tareas está sobre la mesa y es un tema que preocupa tanto a padres de familia como a docentes e instituciones educativas alrededor del mundo. No podemos únicamente dar por sentado que las tareas deberían desaparecer de la agenda diaria de nuestros niños, en una época en la que ser niño (con todo aquello que implica dicha frase: juegos, diversión, aprendizaje, desarrollo integral) es aún más difícil de lo que fue para todos aquellos que crecimos en décadas anteriores.

Podemos enfocar nuestro análisis desde un punto de vista formativo, a partir de la creación de rutinas de trabajo que permitan a los niños alcanzar un amplio desarrollo de sus funciones operacionales basadas en la autonomía, la responsabilidad y los hábitos de trabajo que pueden surgir de la resolución de las tareas escolares bajo una buena administración del tiempo (horarios familiares) y una actitud positiva ante el estudio (iniciativa, confianza propia, ingenio y autoestima).

Las tareas deben cumplir con ciertos criterios claros y responder a una naturaleza pedagógica coherente con lo que los niños aprenden en clase en presencia de sus docentes y lo que están capacitados para realizar solos en casa (incluso en ausencia de sus padres o de un adulto que les pueda orientar), por ello, las tareas deben ser planteadas con base en las necesidades de aprendizaje de los niños, sin que las mismas ocupen todo el tiempo libre que puedan tener durante las tardes.

Una hora de tiempo dedicada por las tardes a las tareas es un ideal que se debe perseguir constantemente en la primaria, pudiendo aumentar según el contenido y exigencias de cada nivel hasta un margen de 2 horas promedio dedicadas a tareas en los niveles de secundaria y bachillerato. Siendo la perseverancia en todo caso, un factor determinante para que dicho tiempo sea aprovechado en función de alimentar el gusto por el trabajo bien hecho.

Es importante recordar que una tarea debe responder a competencias concretas de acuerdo con el contenido, materia, curso y edad de los estudiantes y deben estar enfocadas en la idea de fomentar el desarrollo de hábitos de estudio, repaso y afianzar los conocimientos vistos en clase. Las tareas aún funcionan si responden a la mayoría de estos aspectos y se fortalecen en un clima familiar que promueva el esfuerzo y la dedicación.

Lic. Enrique Gaytán
Licenciatura en Administración Educativa
Máster en Asesoramiento Educativo Familiar
Coordinador de Primaria – APDE El Roble

¿Cómo puedo hablarle de menstruación a mi hija?

Cuando llega el momento de abordar este tema con una hija, solemos ponernos nerviosas y nos cuesta pensar que ya llegó la hora y que es inevitable esta conversación. Para comenzar, evitemos dramatizar y tomémoslo con mucha naturalidad. La fuerza del cariño, la delicadeza y el efecto de la comunicación confiada que hemos cultivado con nuestra hija desde muy pequeña, ayudarán en esta empresa. Tomar en cuenta la edad y madurez de la hija para utilizar los términos adecuados y que pueda entender. Hablar con la verdad. No se vale inventar fábulas ni cuentos extraños que haga parecer que el tema es molesto. Si no somos veraces, tarde o temprano la hija se dará cuenta que no hemos sido sinceras.

La madre, por ser mujer, debe de estar atenta a las reacciones y preguntas de su hija para ayudarla a identificarse con su sexo. Como tienen muchas cosas en común, habrá una mayor naturalidad en la comunicación. Pero si el caso fuere que no está la madre, es el padre quien debe asumir la responsabilidad, preparándose convenientemente para abordar el tema con la debida delicadeza.

De 8 a 12 años

A partir de esta edad, si no antes, los padres deben de tomar la iniciativa de hablar con la hija, anunciándole de manera gradual, los cambios que tendrá su cuerpo al llegar la pubertad y el significado de esos cambios. Prepararla para la llegada de la menstruación. Que no la tome por sorpresa, que sepa qué está pasando dentro de su cuerpo y que sepa cómo actuar en esos momentos.

Cuando siendo más pequeños, los padres respondieron a las inquietudes de los hijos respecto a la llegada de los bebés y todo lo relacionado con el tema, ya la niña sabrá que dentro de su cuerpo se podrá gestar un niño, aunque no se le dieran mayores detalles. Es ahora cuando se puede entrar a tratar el tema con más información, explicando lo que ocurre en su cuerpo y las razones por las que estos cambios ocurren.

No es fácil abordar el tema con las hijas, sobre todo porque nos parecen muy inocentes, que todavía no están preparadas para saber, que el día de su primera menstruación está muy lejano. Hay que evitar ese miedo. El diálogo debe de comenzar muy pronto porque la hija ya está en edad de comprender, y si no son sus padres quienes abordan el tema, la información, muchas veces de forma inconveniente, llegará a ella. La futura joven debe de estar informada de los mecanismos de la fecundidad femenina y masculina. Entender que el conocimiento del funcionamiento biológico de su cuerpo no bastará para ayudarla a aceptar el fenómeno de la menstruación y acepte el misterio de la vida y su nueva fecundidad. Puede ser que a la niña le provoque cierto rechazo el saber que cada mes estará en esa situación por lo que es necesario enfocarse en lo maravilloso que es ser mujer, en el regalo de la posibilidad de ser madre.

Mi hijo padece insomnio, ¿Qué puedo hacer?

Adolescentes + tecnología + redes sociales – límites = No dormir.

Existen múltiples razones por las que los adolescentes pueden tener dificultades para conciliar el sueño. Algunas más complejas que otras, requiriendo asesoramiento con un profesional de la salud: apneas, fobias, ansiedad, depresión, etc. Otras menos complicadas y más comunes, tienen su raíz en la formación de malos hábitos que quizás no solo hemos permitido, sino que incluso pueden estar aprendiendo de nosotros.

Sea cual sea la causa, las dificultades para conciliar el sueño son una alerta a la que debemos prestar mucha atención y en el presente artículo abordaremos algunos de los hábitos más comunes, que pueden estar impidiendo a nuestros hijos tener un adecuado descanso nocturno y que podemos ayudarles a corregir.

-Papá: “Te hemos notado muy cansado, te cuesta poner atención y concentrarte.”

-Mamá: “Además, nos dijeron en el colegio que te estás quedando dormido en clase. Ya no más dormirte tarde.”

-Hijo (mientras sube corriendo a su habitación): “Sí, me voy a la cama, feliz noche.”

-9:45 pm: Hijo ve la hora en su celular, mientras está en la cama y piensa: “no es tan tarde y no tengo tantas ganas de dormir, solo un videíto más para que me dé sueño y ya.”

-12:45 am: “Se me hizo tarde otra vez, y ahora a levantarme a las 6:00 am para ir a estudiar.”

Situaciones como la anterior no se nos hacen extrañas, son cada vez más comunes en un mundo hiper comunicado, donde todos los días, niños y jóvenes, tienen acceso casi irrestricto a múltiples pantallas, que llenan sus vidas de entretenimiento, información, servicios multimedia, música y memes. La tecnología no es el problema: el avance en los medios por los que hoy nos comunicamos y aprendemos, no es solo un riesgo, también es un mundo de oportunidades, que bien orientadas y acompañadas en la niñez y adolescencia, harán adultos bien informados, con criterio bien formado y capaces de aprovechar los recursos a su alcance.

Estudios recientes liderados por la “National Sleep Foundation”, el Observatorio Global del Sueño y la Universidad de California, entre otros, nos ayudan a entender cómo la tecnología puede llegar a tener un impacto nocivo en los hábitos de sueño y el descanso en niños y adolescentes: a mayor cantidad de tiempo delante de las pantallas durante el día -peor aún si es inmediatamente antes de dormir- se consigue un sueño más corto y de menor calidad.

La luz azul que reduce la producción de melatonina y altera el ciclo circadiano, la poca disminución del proceso neuronal, que propicia el descanso, y las constantes notificaciones que interrumpen el sueño, son solo algunas de las causas.

Entonces ¿Qué podemos hacer?

  1. Establecer horarios: como en todo lo que hacemos en el día, también en el uso de la tecnología, es importante tener disciplina. Tiempos determinados para utilizar el teléfono celular o la tableta, horas límite para apagarlos, son algunas estrategias que funcionan para no dejar que dominen nuestro día.
  2. Fijar rutinas: si lo último que se ve antes de dormir y lo primero al despertar, es la pantalla del teléfono, quizás hay que replantearse el uso que le estamos dando. Es recomendable dejar de usar los dispositivos, al menos una hora antes de ir a la cama. Tener “rituales” de descanso, rutinas fijas para antes de acostarse, momentos de relajación o un rato de lectura, siempre serán mejor idea que echar una “última revisada” a las redes sociales.
  3. El ejemplo y las acciones familiares: los chicos hacen lo que los chicos ven, y en esto -como en los demás elementos de su vida- es muy fácil que, sin quererlo, los adultos les estemos dando mal ejemplo. Dormirse o levantarse respondiendo correos, atendiendo notificaciones o consultando noticias, no es la mejor manera de ganar en solvencia para mandarlos a dejar por un lado el teléfono celular. En la familia luchamos todos, dejamos el teléfono fuera de la habitación todos, evitamos usarlo en la mesa todos, así se crea un ambiente de naturalidad, y no se sienten forzados ni obligados a dejar algo que todos los demás tienen permitido.

Mi hijo ve pornografía, ¿Qué puedo hacer?

Un a, b, c para hablar con él.

Muchos años, y gigas de contenido, han pasado, desde que en el lejano 1953 Hugh Hefner publicara el primer ejemplar de Playboy. Luego, llegarían las películas en VHS y finalmente los DVD´s, pero con el acceso masivo a la “red de redes”, todo cambió para siempre. Si eres padre o madre de un adolescente, y estás leyendo este artículo, no es necesario que me detenga a explicar que la pornografía puede ser un terrible dolor de cabeza, o que es nociva para chicos y grandes, y por qué hablar de ello con tus hijos es tan importante.

Pocas cosas son tan complejas y maravillosamente ricas, como la auténtica sexualidad humana: esa que, vivida en plenitud, engrandece al hombre y a la mujer y les capacita para entregarse generosamente, propiciando la felicidad mutua y la mutua realización. De esta sexualidad humana, sí que vale la pena hablar, sin miedo ni vergüenza, y con la frente muy en alto. Por eso, en el presente y brevísimo artículo presentamos un a, b, c de cómo hablar con tus hijos sobre la pornografía.

–Papá (después de mucho pensarlo y con las manos un poco temblorosas): Hijo, tenemos que hablar de sexo.

–Hijo (deja lo que hace a un lado): Sí papá, dime. ¿Qué quieres que te explique?

Apertura

Nunca es demasiado temprano para educar en la afectividad y la sexualidad, y nunca un padre se arrepentirá de haber hablado primero, de estos temas con sus hijos. Sin embargo, una condición indispensable para hacerlo eficazmente es saberlos escuchar: abrir desde su infancia canales de confianza y aprender a no plantear prejuicios en cuanto se disponen a contarnos algo personal. Que sepan que no estamos para juzgarlos, y que pueden contarnos sus cosas sin que lo primero, lo segundo y lo tercero que conseguirán sea una reprimenda o una “charla” de lo que está bien o mal hacer.

Buenas razones y buenos argumentos

La época del miedo ya pasó. Ante la curiosidad, los refuerzos negativos, amenazas y castigos, no ayudan a educar; por eso, es importante mostrar la belleza del bien, no solo la fealdad del mal. Si educamos con la verdad -y la verdad es que la sexualidad humana bien vivida dignifica a la persona y la capacita para ser feliz, y que la pornografía distorsiona y envilece esa visión- podremos presentar algo tan bello, valioso y apetecible, que es difícil no desear.

Comprensión y cariño

Finalmente, si queremos que nuestros hijos nos abran el corazón y compartan con nosotros y no con alguien menos indicado sus miedos, dudas, inquietudes y luchas, deben saber que cuentan con nosotros incondicionalmente. A un hijo se le ama por quien es, a pesar de sus posibles “metidas de pata”. Y con ese amor y un poco de sentido común, un padre siempre es el mejor educador para llegar al corazón de sus hijos.

Kenneth Lickes

Ejerciendo la autoridad en la familia

Se habla de que la sociedad está en crisis, crisis financiera, crisis de valores, crisis de violencia, crisis de autoridad… Como madre y educadora me preocupa sobre todo esta última porque está en nuestras manos el resolverla y porque tiene muchas consecuencias en la educación.

El ambiente que nos rodea exalta los valores de la comodidad, el placer, la tolerancia, la autorrealización, la libertad, etc. Los padres nos quejamos de lo difícil que nos resulta en este ambiente que los hijos nos respeten, que obedezcan y que hagan buen uso de su libertad. Queremos a nuestros hijos y queremos que lleguen a ser felices pero, ¿estamos ejerciendo nuestra autoridad para educarlos bien?

A veces somos los primeros en tener miedo a exigirles ejerciendo nuestra autoridad, la cual si bien es un derecho, también es una obligación. Si los hijos se quejan porque tienen mucho trabajo o porque sus profesores les exigen demasiado, saltamos en su defensa como si tal cosa fuera un daño, cuando en realidad es la manera en que aprenderán a saborear el gozo y la alegría que provoca un trabajo bien hecho. Invertimos tiempo y energía en consultarles a dónde quieren ir a comer, les damos muchas alternativas para que elijan qué deporte les gustaría practicar y luego estamos ansiosos por satisfacerlos y hasta temerosos de no quedar bien con ellos o de perder su “amistad”. El resultado: hijos caprichosos y tiranos.

¿Por qué nos cuesta establecer reglas y luego exigir que las cumplan? Porque para exigir con autoridad primero tenemos que darles el ejemplo de nuestra conducta coherente, de nuestro prestigio profesional, de nuestro trabajo bien hecho, etc. Nuestros hijos necesitan que les marquemos límites, que les exijamos, que les corrijamos con firmeza, que no significa violencia o rigidez. La autoridad se puede ejercer con alegría, serenidad y, con la convicción de que es indispensable para mostrarles a los hijos lo que vale la pena en la vida. Nos costará trabajo, paciencia, tiempo… pero, ¿quién dijo que educar era fácil? No es fácil pero vale la pena hacerlo con autoridad.

¿Cómo puedo apoyar a mis hijos con sus tareas?

Como padres nos enfrentamos a diario con las tareas escolares de nuestros hijos y muchas veces no sabemos cuál debe ser nuestra actitud ante ellas. Sabemos que son una gran oportunidad para involucrarnos con ellos, pero a la vez también son ocasión para favorecer el desarrollo de la autonomía, reforzar destrezas, adquirir responsabilidad y mejorar la atención y concentración.

Algunas ideas prácticas sobre cuál debe ser nuestro papel de padres ante las tareas de nuestros hijos son: proporcionarles un ambiente de estudio adecuado, es decir, un lugar fijo, que tenga buena iluminación y ventilación y que esté alejado de distracciones. También es importante facilitar los materiales que requieran para una actividad, previamente al inicio de la misma.

Establecer rutinas de trabajo es de suma importancia ya que esto les ayudará a anticiparse y saber lo que viene después de cada actividad. Debemos permitirles tener un momento de descanso al llegar a casa, tomar una pequeña merienda y luego iniciar sus tareas, las cuales deben empezarse en un horario fijo, mientras más temprano mejor, ya que, a última hora por la noche su rendimiento no será el más adecuado. Permitámosles pequeños descansos de 5 minutos entre una tarea y otra.

Exijamos de forma comprensiva, los niños por encontrarse en pleno proceso de formación son generalmente menos responsables y constantes. La exigencia es más eficaz cuando hacemos saber a nuestros hijos lo que se espera de ellos, enfoquémonos más en el esfuerzo y trabajo bien hecho antes que en los resultados o calificaciones.

Recordemos que los más importante es fomentar la autonomía, que sean ellos quienes se hagan cargo y asuman sus responsabilidades, podemos supervisar la tarea y resolver alguna duda si es necesario, pero lo significativo no es una tarea perfecta sino las destrezas y hábitos que adquieren cuando las hacen ellos mismos.

El riesgo de una mala nota no debe ser motivo para que nosotros nos hagamos cargo, ya que, al desarrollar la autonomía, su autoestima y confianza crecen. Por el contrario, cuando hacemos las tareas por ellos, inconscientemente les enviamos el mensaje que no confiamos en su capacidad de hacer las cosas por sí mismos y de resolución de problemas.

¿Cómo hablar de sexualidad con mis hijos?

Un buen consejo es aprovechar todos los momentos del día para estar muy cerca de los hijos, estar atentos a sus inquietudes y fortalecer la confianza hacia sus padres. También es importante mantener un canal de comunicación abierto; sin escandalizarse cuando cometen errores o preguntan cosas, así ellos se sentirán en total confianza de preguntar todas las dudas que se les presenten.

Al conversar sobre sexualidad se debe procurar emplear un lenguaje de calidad, delicadeza, pero diciendo siempre la verdad. Si el niño percibe incomodidad por parte de sus padres preferirá no preguntar. También es importante hacerlo de manera individual y con la mayor privacidad posible para que se sienta cómodo.

La educación de la afectividad empieza desde el vientre materno por medio del amor que se transmite a los hijos, luego al nacer con la formación de hábitos y virtudes. Lo anterior preparará el terreno para poder conversar con ellos sobre sexualidad. En temas de sexualidad es mejor llegar antes que 5 minutos después. Si no se ha despertado la curiosidad sobre el origen de la vida, es mejor que los padres se lo expliquen antes que otras personas se lo hagan saber y le proporcionen información inadecuada.

Si tu hijo pregunta sobre el origen de la vida: lo primero será repreguntar para verificar el origen de la pregunta, si se debe a una natural inquietud o bien se está relacionada a algo que ha observado o escuchado. Esto dará la pauta para saber la manera abordar el tema y hasta donde es necesario explicar. En este caso, es importante hablar con cariño y naturalidad, haciéndoles ver que la vida es un don que procede del amor entre los padres.

Se puede recurrir a la analogía de que papá por medio de un fuerte abrazo pone una semillita en mamá, que luego empieza la vida del bebé; se podría comparar que el vientre de mamá es la cunita del bebé y que luego de un tiempo nacerá. Aquí no termina esta formación, esta explicación puede servir como punto de partida para futuras conversaciones que deben darse de forma gradual y atendiendo a la edad y ritmo de madurez de los hijos.

Si tu hijo no ha preguntado nada sobre el origen de la vida, puedes aprovechar las situaciones que se den alrededor; como por ejemplo al ver a una mamá que está embarazada podrías suscitar una conversación al respecto.

Claudia de Paredes

¿Cómo hablar con los hijos sobre el aborto?

El diálogo y la conversación son un punto determinante para lograr desarrollar a nuestros hijos en un ambiente seguro. Cada vez más en un mundo ultra-conectado resultado contradictorio que se pierda la comunicación con los más próximos.

El siglo XXI es considerado por los expertos como el siglo de la información. En medio de la vorágine de noticias, redes sociales y comentarios el acceso a la información sobre el aborto, tomando como un factor determinante que nuestros niños y adolescentes están estrechamente vinculados a las tecnologías es prácticamente imposible que esta información no los alcance. Por razones más que obvias esta información no siempre irá en concordancia con nuestro proyecto educativo familiar, nuestros valores y principios religiosos.

En este contexto debemos plantearnos como padres de familia, cómo fortalecer nuestras convicciones y que las mismas sean aceptadas por nuestros hijos como parte de nuestra cultura familiar. A qué responden nuestros hijos cuando deben emitir un juicio de valor moral con respecto a este controversial tema.

Uno de mis propósitos al escribir este artículo es lograr que los padres puedan abordar este tema de una forma abierta, clara, directa y pertinente. Para ello existe un elemento importante que determina en gran medida el éxito del alcance y penetración del mensaje; me refirió al canal que utilizamos para poder dirigirlo. Ante ello estimado lector puedo formular una pregunta ¿Tengo un canal de comunicación abierto con mi hijo? Bajo esta perspectiva poder ponderar si como padres estamos transmitiendo nuestros valores a nuestros hijos o nos estamos limitando a reproducir planteamiento sin un debido proceso de asimilación por parte de ellos. Es responsabilidad y derecho de los padres orientar a los hijos en este y otros temas.

La confianza, la libertad y sobre todo el afecto son elementos fundamentales y necesarios para entablar una conversación sobre este tema. Para complementar esta idea a continuación enumero algunas ideas que nos permitan abordar este tema y sepamos con claridad lo que queremos compartirles:

  • Propiciar un ambiente cómodo y de confianza para que el niño/adolescente se sienta que puede escuchar y ser escuchado.
  • No subestimar la capacidad de comprensión que tienen los niños.
  • Hablar con claridad, usando un lenguaje sencillo y preciso.
  • No evadir las preguntas e inquietudes que expongan sobre el tema, responder con sinceridad.
  • Proporcionar información sobre otras medidas que se puedan tomar para evitar estas situaciones, como la adopción.

Como padres de familia no podemos controlar el mundo exterior, no es fácil evitar que nuestros hijos sean expuestos a cierta información y contenido, pero sí podemos lograr que al momento que se enfrenten a determinados temas o debates tengan una postura clara al respecto.

Juan Carlos Ruíz
Asistente de Subdirección de Orientación
Colegio El Roble

¿Cómo hablar del ateísmo con mis hijos?

Educar a los hijos es una labor apasionante. La familia, como iglesia doméstica tiene la gran responsabilidad de transmitir la fe desde pequeños a los hijos. Es una tarea que conlleva esfuerzo de los padres de familia por ser ejemplo de vida de fe, pero sobre todo de confianza en Dios.

En el caminar de este educar en la fe, puede suceder que los hijos se encuentren con la realidad de personas que rechazan la existencia de Dios (ateísmo) o, en el mejor de los casos, el aceptar la existencia de Dios, pero siendo este un ser lejano a los hombres (agnosticismo). Esto es, porque tanto ateos como agnósticos no perciben de ninguna manera la necesidad del amor de Dios, que no cesa de buscar a sus hijos los hombres a pesar del pecado (1 Timoteo 2,4). Pero, la cuestión es, si Dios, a pesar de la indiferencia del hombre al no querer creer en Él ¿le abandona o, en cambio, sigue buscándole hasta que lo encuentre y le salve?

Una historia real que nos puede servir para explicar cómo Dios sale al encuentro del hombre que es indiferente a su amor o, que lo rechaza explícitamente, es lo sucedido con un niño italiano durante una audiencia con el Papa Francisco en el año 2018. El niño italiano en cuestión le preguntó al Papa Francisco si su papá, que era ateo, ¿estaba ahora en el cielo?

El Papa, con su corazón de padre, consoló a Emanuele, escuchándole entre sollozos. El Papá dijo que “ojalá todos pudiéramos llorar como Emanuele cuando tengamos un dolor como el que tiene en el corazón”: el no saber si su padre estaba en el cielo, sabiendo que era ateo y también un buen padre de familia. Era un buen padre porque quería a su familia y, además, bautizo a sus cuatro hijos.

A raíz de este suceso, el Papa Francisco nos cuestiona a todos los cristianos si, a ese buen padre, a pesar de no creer en Dios es capaz de bautizar a sus hijos: ¿podemos pensar que Dios sería capaz de dejarlo lejos de Él? ¿Dios es capaz de abandonar a sus hijos cuando son buenos? A estas interrogantes responde que Dios seguramente estaría orgulloso de este padre de familia, porque es más fácil, siendo creyente, bautizar a los hijos, que bautizarlos siendo no creyente. Y esto seguramente a Dios le ha gustado mucho.

Ante la posibilidad de la lejanía de Dios o del rechazo hacia Él y su amor que se pueda suscitar dentro o fuera de la familia, es importante que los padres de familia muestren siempre a los hijos que Dios es un Padre rico en misericordia, que no se cansa de amar y de perdonarnos.

Lic. José Miguel Díaz
Subdirector de Orientación
Colegio El Roble